arena en los bolsillos
sal en las heridas
sigo caminando
25 de abril de 2009
21 de abril de 2009
Nov. 2008
Siempre sombra
vuelta y vuelta
en oleadas, como lunas llenas
en rondas, como calecitas
olvidadas
fijas calladas
oxidadas.
Vuelta, vértigo
y vacío,
de nuevo.
vuelta y vuelta
en oleadas, como lunas llenas
en rondas, como calecitas
olvidadas
fijas calladas
oxidadas.
Vuelta, vértigo
y vacío,
de nuevo.
Aquí
Tonamitl
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4/21/2009
20 de abril de 2009
Abril 2008
Si ladro escupo muerdo, perdón.
Es que siento.
.
¿Quién tiene el mapa de mis piezas?
.
Estalla arcoiris vencido
- - - - - - (parchecitos de color)
inunda de cielo mi dolor.
.
Es que siento.
.
¿Quién tiene el mapa de mis piezas?
.
Estalla arcoiris vencido
- - - - - - (parchecitos de color)
inunda de cielo mi dolor.
.
Aquí
Tonamitl
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4/20/2009
30 de marzo de 2009
El Futuro
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado, ni en el gesto
de elegir el menú, ni en la sonrisa
que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
Julio Cortázar, salvo el crepúsculo.
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado, ni en el gesto
de elegir el menú, ni en la sonrisa
que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
Julio Cortázar, salvo el crepúsculo.
Aquí
Tonamitl
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3/30/2009
A una mujer.
No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no
hay que estar triste
si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo
inmóvil,
ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por
qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta
hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la
tortuga,
esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos
huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin
grito de agonía,
las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del terror y la delicia,
y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del
balcón,
cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de
creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
Salvo el crepúsculo, Julio Cortázar.
hay que estar triste
si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo
inmóvil,
ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por
qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta
hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la
tortuga,
esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos
huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin
grito de agonía,
las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del terror y la delicia,
y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del
balcón,
cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de
creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
Salvo el crepúsculo, Julio Cortázar.
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3/30/2009
29 de marzo de 2009
Hermosura de la dialéctica
Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de pájaros,
tejedora del viento navegante.
No se ha educado aun mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbra el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.
Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.
Sí.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo, encenderán
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.
Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.
Gioconda Belli. Truenos y arcoiris (1979-1982)
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de pájaros,
tejedora del viento navegante.
No se ha educado aun mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbra el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.
Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.
Sí.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo, encenderán
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.
Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.
Gioconda Belli. Truenos y arcoiris (1979-1982)
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3/29/2009
22 de marzo de 2009
como ir venir salir y así
estrepitosos grises
me inundan
cínicos
satíricos
filosas carcajadas que cortan mi aire.
estrepitosos grises
me inundan
cínicos
satíricos
filosas carcajadas que cortan mi aire.
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3/22/2009
20 de marzo de 2009
Cielo Rojo
Sola sin tu cariño
Voy caminando
Voy caminando
Y no se que hacer
Ni el cielo me contesta
Cuando pregunto por ti mujer
Mientras yo estoy dormido
Sueño que vamos
Los dos muy juntos
A un cielo azul
Pero cuando despierto
El cielo rojo me faltas tú
Deja que yo te busque y si te encuentro
Y si te encuentro vuelve otra vez
Olvida lo pasado
Ya no te acuerdes de aquel ayer
http://www.youtube.com/watch?v=6r99il_2K24
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3/20/2009
19 de septiembre de 2008
nunca las palabras sirvieron para explicar los sentimientos
y ahora
los sentimientos no sirven para canalizar lo que pasa.
palabras vacias
nudos viejos y nuevos enredándose en el cuerpo
bloqueo
vacío
silencio bajo el sonido
y ahora
los sentimientos no sirven para canalizar lo que pasa.
palabras vacias
nudos viejos y nuevos enredándose en el cuerpo
bloqueo
vacío
silencio bajo el sonido
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9/19/2008
2 de septiembre de 2008
CUASIRREFLEJOS (gracias Ángela, reflejo mío)
Los espejos pueden ser cóncavos, convexos, tener diversas formas: los hay cuadrados, rectangulares, redondos. Hay espejos rotos, espejos enmascarados bajo una película de polvo, espejos opacos, espejos enormes y espejos de bolsillo.
Sin embargo, los espejos no miran, sólo dejan ver; no brillan con luz propia ni generan sombras; no crean e imaginan sino que plagian la caricatura que osa enfrentarse a ellos. Y eso es lo que devuelven: reflejos, tan sólo eso, reflejos, imágenes casi perfectas de lo que está al otro lado de su propia realidad, que no llega a ser nada más que pura ficción.
Pero los reflejos en realidad no son copias exactas de lo real. Son, como algunos dicen, imágenes especulares, devuelven en distinto sentido una imagen cambiada. Si saludo con mi mano derecha, me devolverá el saludo una mano izquierda.
Es por eso que cuando nos reflejamos en otras personas, no buscamos imágenes exactas o copias calcadas de ellas en nosotros o de nosotros en esas personas. Porque no hay dos personas iguales, cada cual con sus gestos, chistes, bromas, andanzas, tristezas, lágrimas, derrotas, caídas y sinsabores, cada cual dibuja su propia historia con su propio lapicero, borra lo que no le gusta con su propia goma y cambia de cuaderno o pasa de página cuando mejor cree. Sin embargo, para todos los lapiceros son los mismos, las hojas DIN-A4 y las gomas perfectamente cuadradas y nuevas.
Buscamos en nuestros reflejos historias, ¿por qué? Quizás para comparar, porque las pequeñas historias, los detalles ínfimos son radicalmente opuestos, pero la base, el cimiento de todo sigue siendo el mismo. Tú también has saltado alguna vez de alegría, tú también has llorado cuando perdiste a alguien, no importa que se llamara Alfonso o Noelia, lo importante es que la oquedad en el pecho es la misma, la rabia era exacta, la desazón parecida. Hemos, has, he corrido hasta que me faltaba el aire, hasta que el corazón se me salía del pecho, sintiendo el viento en la cara y apretando los dientes para seguir una décima de segundo más.
Tú y yo y todos, todos los que somos uno, pero seguimos siendo todo, hemos volado a algún lugar ficticio, sólo cerrando los ojos o abriendo un libro. Hemos querido, sí, a veces no tanto, y a veces hasta que nos dolían las uñas de los pies, y también hemos odiado, no tienen por qué ser sentimientos encontrados, en muchas ocasiones van parejos, cuando la vida voltea nuestro mundo y lo cambia a algo inverso.
Sí, también hemos reído a carcajadas, quizás por chistes diferentes, por situaciones distintas, con personas de otra tez, de otros ojos, de otra estatura, pero la risa, en fin, la carcajada era la misma, tan estruendosa que te dolían los dientes, la mandíbula, la barriga. También hemos tenido sed, hambre, dolor, pinchazos, nervios, parecía que el mundo se paraba en ese instante y sin embargo algo, no sé bien el qué, un pequeño engranaje nos ha empujado a seguir un poco más, a caminar un poco más, a saltar un poco más.
Hemos, has, he abrazado a alguien hasta que nos fallaron las fuerzas, besar a alguien con rabia, con ternura, con sinceridad, incluso con odio, con lágrimas en las mejillas o con las orejas coloradas de frío. También, por qué no, hemos mirado a los ojos a alguien, pero mirando más allá, no sólo el color, hemos buceado en las pupilas de una persona, tanto que hasta nos dio miedo, y da igual que fuera tu padre, mi abuela o su hermano, pero hemos sentido que teníamos algo enraizado en esa persona, algo de nosotros mismos quedó en esa persona y se prendió luego en la nuestra.
Hemos hecho tantas cosas distintas en tantos sitios diferentes que acordarme de todos: de los tuyos, de los míos, de los nuestros, de los suyos, sería imposible, pero ya ves, a cada palabra que llevo escrita me he acordado de algo, de alguien, de algún lugar, de alguna fecha. Simplemente, lo que nos diferencia son esos “algunos”, pero la vida resulta la misma aunque sea radicalmente opuesta.
Por eso los espejos no dan imágenes perfectas, sólo imágenes especulares, puedes (o podés o you can) llamarlos cuasirreflejos, esto quizás te funcione, imprime en cada persona un algo, y cada hecho te devolverá un fotograma que se prenderá en tu memoria. Algún día, robarás de tu cabeza y de tu retina risas, lágrimas, besos, abrazos y voces, tan sólo una canción, un ruido, un olor, una palabra o una persona puede abrir la caja de Pandora, y entonces entenderás, entenderé, entenderemos que sólo somos estrellas en la noche, puntos minúsculos en un universo infinito.
Sin embargo, los espejos no miran, sólo dejan ver; no brillan con luz propia ni generan sombras; no crean e imaginan sino que plagian la caricatura que osa enfrentarse a ellos. Y eso es lo que devuelven: reflejos, tan sólo eso, reflejos, imágenes casi perfectas de lo que está al otro lado de su propia realidad, que no llega a ser nada más que pura ficción.
Pero los reflejos en realidad no son copias exactas de lo real. Son, como algunos dicen, imágenes especulares, devuelven en distinto sentido una imagen cambiada. Si saludo con mi mano derecha, me devolverá el saludo una mano izquierda.
Es por eso que cuando nos reflejamos en otras personas, no buscamos imágenes exactas o copias calcadas de ellas en nosotros o de nosotros en esas personas. Porque no hay dos personas iguales, cada cual con sus gestos, chistes, bromas, andanzas, tristezas, lágrimas, derrotas, caídas y sinsabores, cada cual dibuja su propia historia con su propio lapicero, borra lo que no le gusta con su propia goma y cambia de cuaderno o pasa de página cuando mejor cree. Sin embargo, para todos los lapiceros son los mismos, las hojas DIN-A4 y las gomas perfectamente cuadradas y nuevas.
Buscamos en nuestros reflejos historias, ¿por qué? Quizás para comparar, porque las pequeñas historias, los detalles ínfimos son radicalmente opuestos, pero la base, el cimiento de todo sigue siendo el mismo. Tú también has saltado alguna vez de alegría, tú también has llorado cuando perdiste a alguien, no importa que se llamara Alfonso o Noelia, lo importante es que la oquedad en el pecho es la misma, la rabia era exacta, la desazón parecida. Hemos, has, he corrido hasta que me faltaba el aire, hasta que el corazón se me salía del pecho, sintiendo el viento en la cara y apretando los dientes para seguir una décima de segundo más.
Tú y yo y todos, todos los que somos uno, pero seguimos siendo todo, hemos volado a algún lugar ficticio, sólo cerrando los ojos o abriendo un libro. Hemos querido, sí, a veces no tanto, y a veces hasta que nos dolían las uñas de los pies, y también hemos odiado, no tienen por qué ser sentimientos encontrados, en muchas ocasiones van parejos, cuando la vida voltea nuestro mundo y lo cambia a algo inverso.
Sí, también hemos reído a carcajadas, quizás por chistes diferentes, por situaciones distintas, con personas de otra tez, de otros ojos, de otra estatura, pero la risa, en fin, la carcajada era la misma, tan estruendosa que te dolían los dientes, la mandíbula, la barriga. También hemos tenido sed, hambre, dolor, pinchazos, nervios, parecía que el mundo se paraba en ese instante y sin embargo algo, no sé bien el qué, un pequeño engranaje nos ha empujado a seguir un poco más, a caminar un poco más, a saltar un poco más.
Hemos, has, he abrazado a alguien hasta que nos fallaron las fuerzas, besar a alguien con rabia, con ternura, con sinceridad, incluso con odio, con lágrimas en las mejillas o con las orejas coloradas de frío. También, por qué no, hemos mirado a los ojos a alguien, pero mirando más allá, no sólo el color, hemos buceado en las pupilas de una persona, tanto que hasta nos dio miedo, y da igual que fuera tu padre, mi abuela o su hermano, pero hemos sentido que teníamos algo enraizado en esa persona, algo de nosotros mismos quedó en esa persona y se prendió luego en la nuestra.
Hemos hecho tantas cosas distintas en tantos sitios diferentes que acordarme de todos: de los tuyos, de los míos, de los nuestros, de los suyos, sería imposible, pero ya ves, a cada palabra que llevo escrita me he acordado de algo, de alguien, de algún lugar, de alguna fecha. Simplemente, lo que nos diferencia son esos “algunos”, pero la vida resulta la misma aunque sea radicalmente opuesta.
Por eso los espejos no dan imágenes perfectas, sólo imágenes especulares, puedes (o podés o you can) llamarlos cuasirreflejos, esto quizás te funcione, imprime en cada persona un algo, y cada hecho te devolverá un fotograma que se prenderá en tu memoria. Algún día, robarás de tu cabeza y de tu retina risas, lágrimas, besos, abrazos y voces, tan sólo una canción, un ruido, un olor, una palabra o una persona puede abrir la caja de Pandora, y entonces entenderás, entenderé, entenderemos que sólo somos estrellas en la noche, puntos minúsculos en un universo infinito.
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9/02/2008
23 de agosto de 2008
DE APRENDER VIVIENDO
Aprendí que mucho en la vida duele
Y que porque cueste más, no siempre vale la pena.
Aprendí que hay cosas absurdas, graciosas, aterradoras.
Aprendí a llorar. Cada vez más real.
Aprendí que cada cicatriz en el alma, nos hace más duros por dentro, y por fuera.
Y por eso, aprendí a valorar cada carcajada..
Aprendí que la gente es buena, linda, llana. Y que ponen escudos y tapias de palabras.
Aprendí que el mundo duele. Y duelen, si son vanas, las palabras.
Aprendí la importancia de un abrazo sincero, de uno a tiempo.
Aprendí a ocultarme tras el velo de las cosas "urgentes", para nunca tener q enfrentar las importantes.
Escondí mi llanto bajo la lluvia.
Escondí mi risa.
Y escondí, algunas veces, mis sentimientos más reales.
Por no tener palabras, o por miedo, o porque la voz me tiembla para decir te amo en serio.
Aprendí a esconder los sueños bajo las sábanas. A pensar que ya vendrá un momento en que puedan correr libres de las cadenas de lágrimas.
Porque estamos entrenados, perdón, educados, para buscar en la vida lo que nos dicen, para amar y pensar como nos dicen... porque por más que duela, no nos salimos del cuadro, no podemos romper el marco.
Aprendí que en la vida muchas cosas duelen.
Aprendí a llorar y ahogar las lágrimas en nudos en la garganta.
Aprendí a decir lo que querían escuchar, y guardar tanto los sentimientos, que ya no los puedo sacar.
Aprendí a ser como querían que sea. Y ahora duele.
Duele, todo y por todas partes,
y ya hasta me olvidé,
qué era lo que era.
Y que porque cueste más, no siempre vale la pena.
Aprendí que hay cosas absurdas, graciosas, aterradoras.
Aprendí a llorar. Cada vez más real.
Aprendí que cada cicatriz en el alma, nos hace más duros por dentro, y por fuera.
Y por eso, aprendí a valorar cada carcajada..
Aprendí que la gente es buena, linda, llana. Y que ponen escudos y tapias de palabras.
Aprendí que el mundo duele. Y duelen, si son vanas, las palabras.
Aprendí la importancia de un abrazo sincero, de uno a tiempo.
Aprendí a ocultarme tras el velo de las cosas "urgentes", para nunca tener q enfrentar las importantes.
Escondí mi llanto bajo la lluvia.
Escondí mi risa.
Y escondí, algunas veces, mis sentimientos más reales.
Por no tener palabras, o por miedo, o porque la voz me tiembla para decir te amo en serio.
Aprendí a esconder los sueños bajo las sábanas. A pensar que ya vendrá un momento en que puedan correr libres de las cadenas de lágrimas.
Porque estamos entrenados, perdón, educados, para buscar en la vida lo que nos dicen, para amar y pensar como nos dicen... porque por más que duela, no nos salimos del cuadro, no podemos romper el marco.
Aprendí que en la vida muchas cosas duelen.
Aprendí a llorar y ahogar las lágrimas en nudos en la garganta.
Aprendí a decir lo que querían escuchar, y guardar tanto los sentimientos, que ya no los puedo sacar.
Aprendí a ser como querían que sea. Y ahora duele.
Duele, todo y por todas partes,
y ya hasta me olvidé,
qué era lo que era.
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8/23/2008
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